Esta serie de obras surge desde un lugar previo a la forma y al significado. Cada pintura es el registro de un proceso intuitivo, donde el gesto antecede a la imagen y el color actúa como lenguaje primario. No hay una intención narrativa ni una representación preconcebida: la tela se convierte en un campo de exploración del subconsciente, un espacio donde las imágenes emergen, se superponen y se disuelven.

Las obras permanecen abiertas, deliberadamente incompletas, invitando al espectador a habitar la ambigüedad y a construir su propia lectura. Más que respuestas, estas pinturas proponen una experiencia: detenerse, mirar y entrar en contacto con aquello que aparece cuando el sentido aún no se ha fijado.